jueves, 8 de enero de 2015

¿Dientes o monedas?

Podría empezar escribiendo sobre aquella vez en la que me encontré un piojo y otra compañera me advirtió que eso me pasaba porque me acercaba demasiado a los niños; o sobre aquella mañana en la que, para consolar a Álvaro, que estaba triste porque sus padres estaban de viaje, una compañera le animó diciéndole que seguro que le traerían muchos regalos a la vuelta; o sobre el día en que Elena rompió a llorar en clase porque su madre y su hermana se burlaban de su pez porque era más gordo que los otros. Pero no. Empezaré por lo de hoy. Al preguntarle a Nahuel cómo se sentía hoy, dijo que contento porque se le estaba moviendo un diente.¡Quiere hacerse mayor! Pensé. Pero dijo que con cada diente el Ratón Pérez le dejaba una moneda. ¿Y prefieres tener dientes o monedas? (Unos segundos de reflexión, ¡difícil pregunta!) Dientes. Pero seño, yo prefiero monedas, necesito muchas para comprarme un Scalextric.

Así que creamos niños de 5 años que entienden el valor del dinero pero no el de su propio cuerpo.

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